Me compraba una víbora (¡me compraba una víbora!) y era una víbora venenosa y reversible. Me la iba poniendo a modo de guante largo que me llegaba hasta un poco más abajo del hombro. La víbora empezaba a volverse sobre sí misma, brazo abajo a la deriva pero lentamente, hasta que quedaba totalmente revertida, con la piel de afuera para adentro, con la piel de adentro para afuera. Después volvía a ponerse del derecho, digamos, haciendo un gran esfuerzo. Lo más impresionante era que para poder tomar fuerza para hacer todo ese mecanismo de reversibilidad, me tenía que clavar un poco los dientes en el brazo. Me clavaba los colmillos un poco y yo empezaba a sentir como un mareo imposible de saber si era real o si era pura sugestión. Era un mareo como si el veneno me estuviera drogando. Y me acordé de haber visto alguna vez en la tele una película de unos chicos que se hacían picar por alacranes o algo así para tener alucinaciones inducidas por el veneno. Decidí, en el sueño, sacarme la víbora del brazo. Pero estaba prendida, con los colmillos clavados cerca del hombro. La agarraba de la cabeza (¡la agarraba de la cabeza!) y la pobre me hundía los colmillos más y más. No salía sangre, pero me asusté, como ella. La tenía que sacar. Pensé en cortarme la mano con una tijera para que pudiera salir (¡cortarme la mano con una tijera!) y me dio impresión y pensé en el dolor y en la sangre. Entonces vi que la tenía que matar. Me dio pena. No era su culpa. Yo la había comprado y la había puesto ahí, en mi brazo. Realmente me dio pena, matar a la pobre después del capricho de comprarla. Le corté la cabeza con la tijera, agarré esa parte con un trapo y lo tiré al piso. Después me saqué el resto del cuerpo. Me quedaron rastros de marcas violeta a lo largo del brazo, como líneas de moretones paralelos, como caminitos.
¿Cuál de estas galletas de chocolate elegiría usted (con resignación, pero bueno) como su preferida en caso de que las Tentaciones Mousse (los dioses de las galletitas no lo permitan) volvieran a desaparecer algún día?
Cosas que dicen los demás sin darse cuenta y que a mí me parecen lindas
"El oeste es la muerte. El ocaso es el lugar donde se hunde la luz" (El profe de Antropología Filosófica)
"La poesía está en el horno" (Maxi)
"Me parece que en mi casa hay un duende de los CD´s" (Paula)
"Me voy al agüita. En medio de las hojas que deja el viento norte" /"Y no intentes ablandarme el corazón, que ya es de plastilina" (Matías)
"En esta magnitud,no se ve la muerte de una estrella reflejada sobre la tierra" (El amigo de Matías)
"Cuando te vas de un lugar siempre te olvidás algo" (Andrea)
(Eco dice:] "Puede ser que haya unos musulmanes... con barba y gorros dando vueltas por las calles...?"
"¿Viste alguna vez una avispa arrastrando una araña? La mata, le pone un huevo en el cuerpo y la entierra; así la avispa bebé come" (Mi hermana) (Primera parte) "Sí. Como una historia de terror. Y andá a saber si la mata o la adormece... Una hija de puta la avispa" (Mi hermana) (Final)
"Quiero que a casa venga un bebé humano. ¿Me verá cara de extraterrestre?" (El hijito de Josefina)
"Lo que pasa es que él tiene una formación cultural esotérica"/ "Claro. Hay una agresión por parte de las cosas diciéndote: ¡qué hacés acá!" (Ernesto)
"Las conversaciones se dan como en casas" /"Yo tenía un montón de cosas que ya no sé dónde están" (Matías (bis))
"Yo no me pondría unas botas tejanas de ningún color". (El Cordo)
5 comentarios:
Estás completa y absolutamente loca.
PD: No sería una media de esas largas que uno usa en privado durante el invierno? Mmmmm...
Vos te ponés medias en los brazos, Leo...?
8-O
(Me estás asustando).
Sí, para darlas vuelta, cuando las descuelgo de la soga.
:)
(No te asustes: después de tu sueño sólo podría asustarte la posibilidad cierta de que te coma el cuco).
Jajaja.
Claro. Es que yo no tengo soga! Debe ser una transmutación del deseo de tener soga y descolgar la ropa (más precisamente las medias).
(Bueno, no me asusto).
:-)
Si, eso estaba claro. Lo supe desde el principio...
:)
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