miércoles, 6 de abril de 2011

Hoy fui a un taller de percusión. Estuvo bueno. El profe daba indicaciones graciosas, porque después de toda la parte técnica se armó como un ensamble en el que había que ir haciendo ritmos y estar atento a las señas del profesor. Era como dirigir una orquesta pero con gestos mucho más copados que los de la varita. Eso creo yo. Igual nunca estuve en una orquesta. Había uno que era como tirarse a un pileta de clavado y significaba que todos teníamos que quedarnos callados escuchando el instrumento señalado. Creo que era eso. Si yo alguna vez hubiera estado en una orquesta me habría gustado tocar una canción tan conmovedora pero tan pero tan conmovedora que un señor sentado en el público después hubiera tenido ganas de subir al escenario y decirnos a todos que vayamos a su casa a hacer una súper fiesta o un asado sin fin. Entonces ahí hubiéramos podido bailar y hacer como que todo estaba bien. Como que las cosas nunca tuvieran que terminarse.