sábado, 19 de julio de 2008

PATEAR UN BARNEY* (2007)

Barney y sus amigos en Perico
(Foto de Marcelo Abud)

El otro día llego y lo escucho a Seba que dice que tiene ganas de patear un Barney. No es el primero al que le pasa.
¿Por qué existe este deseo general, inconsciente muchas veces, de tener en el fondo de la casa un Barney atado para patearlo? Estar tomando el té, de lo más bien, y de pronto mirar por la ventana sin querer, y verlo, y acordarse y salir a patearlo. Ni con saña ni con odio ni con ningún gesto en especial. Así, natural. Objetivamente. Mirarlo y patearlo.
A mí, personalmente, me pasa que cuando voy caminando y doblo la Necochea y me doy con un Barney y sus amigos moviéndose en medio de la gente, sonrío, automáticamente. Pero no es una sonrisa sana. No… Tiene como un dejo de malicia. Y me sorprendo yo misma de esa sonrisa, cada vez. Entonces, lo que hago inmediatamente es tratar de detectar dónde tiene los agujeros por donde mira el que está adentro (porque adentro de los Barneys hay humanos), para mirarlo yo a los ojos verdaderos y decirle con la mirada que a mí no me engaña. Que yo sé que algo oculta. Que me doy cuenta de que adentro del disfraz no hay esa sonrisa ingenua del muñeco. El muñeco puede estar mirando para allá, pero el que está adentro, ¿a dónde mira?, ¿qué mira? ¿Las carteras de las señoras que pasan? ¿La cola de las chicas? Eso: hay como una cosa ineludible de voyeurismo ambulante en el Barney.
¿Entonces el deseo de patearlo viene de esta actitud deshonesta que uno presiente en la persona que está adentro del muñeco? ¿O son ganas de ganas, nomás? ¿El arte por el arte?
Porque se puede captar a veces comentarios de gente en general, en situaciones de charla cotidiana, en los que se observa que el deseo no viene provocado por el humano que está adentro del muñeco ni por su posible actitud, sino por el muñeco propiamente dicho (en la mayoría de los casos por el muñeco Barney específicamente), como por ejemplo el siguiente:

“A mí me dan ganas de patearlos porque me parece que son ridículos; porque tienen la cola gorda. Hay un Mickey y no le querés pegar al Mickey; pero ¡un Barney! Es la cara, es los bracitos cortitos del muñeco, los dientes –un coso blanco puesto que no sabés qué es- y los ojos entreabiertos, con una cara de boludo impresionante. ¡Te dan unas ganas de pegarle…!”.

Hay antecedentes: ahí lo tenemos a Calamaro reprimiendo el instinto asesino delante del mimo, del clown.
Ahora bien: los humanos que están adentro, son humanos comunes y corrientes que se ponen un disfraz de Barney y se ganan la vida sacándose fotos con los chicos. Ellos están ahí parados con el disfraz puesto y vienen los chicos y hay otro humano –sin disfraz- que trabaja con ellos que saca las fotos con una cámara digital. Entonces después tienen una impresora donde imprimen las fotos y se las venden a los chicos ahí nomás. Un trabajo, después de todo. Pero igual, es evidente que ganarían más plata poniéndose ahí y dejándose patear. No tendrían que gastar en tinta, por ejemplo. Y tendrían una clientela mucho más amplia.
(Una vez yo venía de la terminal haciendo un barco con un folleto que me había dado una chica y me encuentro con el Barney y sus amigos en la esquina de la Normal. Casi sin pensarlo, me acerco al Barney y le ofrezco el barco. Él pone la palma abierta, yo le pongo el barco y me dice gracias. Le sonrío –con aquella sonrisa que ya dije-. Pero ¿por qué este impulso de acercamiento malicioso? ¿Por qué este coquetear con el deseo de hacerle algo?).
Por supuesto, no es mi intención desprestigiar a los muñecos Barneys ni a sus ocupantes. Simplemente llamar la atención sobre esta actitud nueva que todos descubrimos dentro de nosotros mismos desde su aparición masiva en la vida urbana jujeña.
(No deja de ser surrealista tampoco. Una vez había un muñeco empanada gigante repartiendo folletos en la esquina de Belgrano y Balcarce).
Pienso que también estaría bueno sentarse alguna vez en la vereda de una noche sin gente a charlar con el Barney. A tratar de saber qué le pasa al Barney. A desentrañar sus sentimientos ocultos. Su verdad. Con las cajas vacías de Ribeiro atrás, haciendo barricada contra el viento frío. Yo primero trataría de que él me contara sus cosas, de descubrir qué le pasa, cómo opina. Le sacaría la cabeza para entrar más en confianza. O capaz podríamos meternos los dos adentro de él mismo (del muñeco) y hacer una fogata, ya que es tan grande… A lo mejor hasta me conmovía porque el Barney era un tipo solo, que la mujer se había ido de la casa porque tenía otro (capaz el Power Ranger rojo, andá a saber), y, llorando, le pedía perdón por haber tenido siempre ganas de patearlo y ahí me curaba. Nos abrazábamos y yo le juraba jamás volver a tener ningún gesto inhumano ni inmuñeco para con él.
Pero bueno. Esto dejando que la imaginación fluya. La realidad es otra y es innegable. Uno ve un Barney y lo quiere patear, no se sabe por qué. No hay respuesta. Se lo ve y se lo quiere patear. Listo. (El que piense que se trata de una actitud exclusiva de gente violenta, sepa que él también tiene incorporado este deseo oculto. Es ineludible. ¡Pero si el propio Barney se mira al espejo y se quiere patear!).



* Dentro de la categoría “Barney” queda incluido todo muñeco gigante con persona adentro que se para preferentemente en las esquinas a sacarse fotos con los chicos (a que los chicos se saquen fotos con él), y que uno lo ve y le vienen ganas de acercarse y patearlo. Puede ser, además de Barney propiamente dicho, los amigos de Barney en general, el Hombre Araña, o Winnie the Pooh –aunque éste ya se encuentre un poco desacreditado en el ambiente-, entre otros.
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[Nota publicada en Revista Intravenosa Nº 6 (Jujuy, Mayo 2008)].

12 comentarios:

Paco M. Sánchez dijo...

También quiero patear un Barney!!Es mas, quisiera que existiera el servicio de Barney a domicilio, así me siento alguna vez superior!!

M. dijo...

Qué buena idea, Paco!
Servicio de Barneys a domicilio, totalmente!

(Che, gracias por dejarme un comentario! Es re emocionante! Jajaja. Besos).

Anónimo dijo...

muy buena tu nota, hasta me hizo soltar unas carcajadas, yo pensaba que era el único que quería patear un Barney. Ja,ja

Veronika dijo...

Cuánta maldad habrá en mí que no pude dejar de reírme con tu texto... Personalmente me sucede lo mismo, siento también antipatía por Barney y toda su especie (muñecotes que pretenden ser simpáticos y tiernos, con sonrisas que ponen los pelos de punta y frases ridículas). Antipatía, rechazo... Sí, muchas ganas de patearlos. Pero hay cierto tironeo e mi interior, porque cuando pienso en la persona que seguramente hay dentro del disfraz me da vergüenza ajena (no, compasión, no, nunca) e intento esquivarlos todo el tiempo.

Lo gracioso se torna triste el día que tienes una hija de dos años que señala al susodicho muñeco y con su voz de flautín grita "Marniiii, Marniii", y te pide que la abraces y cantes su canción. Ahí además de triste, uno se siente como una especia de sociopáta por tener tantos deseos de patear algo que hace sonreír a un niño pequeño.

¡Saludos! ¡Felicitaciones por el Blog!

M. dijo...

Qué bueno Veronika! Cuantos más seamos en la lucha antimuñecos, mejor!
(Jajaja. Me hizo mucha gracia lo de tu hija. Yo tengo una sobrinita de 1 año y 1/2 que sospecho que pronto se va a poner en ese mismo plan. No sé qué voy a hacer. No quiero ponerme a pensar mucho tampoco, me amargo. Realmente es triste, ja).
Gracias de nuevo y más saludos!

MaPaChE! dijo...

realmente...crei q era la unica q tenia ese deseo incontrolable de qrer patear a esos muñecos!!!!!
a veces me pasan al lado...y... no se la tentacion es demaciado grande... U_U

Alguien de Perico dijo...

Jajaja, hace mucho leí éste escrito en la Intravenosa, creo que cuando vi el sumario (iba a escribir sumerio) me cagué de risa desde el título.

Muy bueno.

M. dijo...

Hay que patear, Mapache, hay que patear.

M. dijo...

Chico de Perico, qué bueno que te guste. (Un sumario de saumerios sumerios podría haber sido también).

Saludos.

Alguien de Perico dijo...

Si, un Sumario de saumerios sumerios jeje.

Saludos y te afano una galleta tentaciones de chocolate.

Hasta luego.

M. dijo...

Jajaja.
Palmadita en la mano. Qué se cree. (Bueno, le doy unita).

Hasta lueguis.

La Mari dijo...

¡Aguante Barney! por qué en vez de pensar y sentir esas ganas de patearlo no se ponen a pensar en las cosas buenas que tiene? si hariamos eso, nosotros, los seres humanos, por otros seres humanos, sé que seríamos mejores... seríamos humanos
"rescatemos lo mejor de otros"